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Religión, fanatismo y tolerancia

September 10, 2011

Desde un tiempo a esta parte, mi escepticismo ha ido in crescendo. Mi alejamiento de la religión católica, en realidad de toda religión, empezó desde colegio. Esto no quiere decir que fuera una ruptura radical con la religión, no, ni mucho menos. Muchas veces fui a misa, me persigné, rece y oré junto a mi familia, pero no era un sentimiento de necesidad, como algo ineludible para seguir viviendo. Más al contrario, ver la constante injusticia en el mundo, la hipocresía de alguna gente, el fanatismo que mucha gente desarrolla en su vida al abrazar tal o cual religión, la falta de un conocimiento crítico de las cosas por parte de esas personas me ha hecho ver que la religión no era parte de mi vida. Mi posición sobre la existencia de Dios ahora es clara. No puedo considerarme a mi mismo como “ateo”, pues éste es un concepto religioso ―no voy a ser llamado noestronguista por no ser del strongest―, sino como escéptico.

Desde que vivo en este país estoy aprendiendo a ser tolerante. Me falta mucho para considerarme como tal. El ser tolerante no significa que no te importe lo que haga otro, sino aprender a vivir con cosas que no te gustan y tratar de comprender las mismas, tarea harto difícil si añades a ésto un carácter voluble.

David Miller dijo: “La tolerancia es determinación de no prohibir, no obstaculizar o interferir en una conducta que se desaprueba, cuando uno tiene el poder y el conocimiento necesario para ello”. Esto no quiere decir que tengamos que ser tolerantes con algunos acontecimientos aberrantes, como ver, pasivamente, que alguien con mas fuerza abuse de otro mas débil.

En este sentido, trato de ser tolerante con los creyentes, con las religiones; aunque ―debo admitirlo― me molesta, hasta cierto punto, las manifestaciones fanáticas de algunas personas.

Pero cómo y porqué se es fanático. ¿Qué es el fanatismo? Se entiende por fanatismo a la defensa a ultranza, apasionada, de creencias, ideologías, opiniones, etc. que rayan en el extremismo, tal como el fanatismo religioso musulmán o el fanatismo de los hinchas del River. No voy a hacer un análisis sociológico o psicológico del fanatismo, no conozco éstas materias a profundidad como para hacer un ensayo, pero si puedo emitir mi opinión al respecto, y es la siguiente: Los creyentes ―en gran mayoría― y los fanáticos ―en su totalidad―, son intolerantes. No, no es que haya descubierto la pólvora, sino simplemente he expresado mis sentimientos y sé que a mucha gente le va a causar desagrado.

Lamentablemente, a nombre de Dios, se han cometido un sin fin de arbitrariedades, crímenes de lesa humanidad, miles de muertes por omisión. El Papa Pio XII es llamado el Papa de Hitler. Juan Pablo II visitó Chile en el gobierno de Pinochet. Las invasiones de los españoles en el continente americano estuvo precedida por la cruz. Cabe, a manera de anécdota, mencionar que la Iglesia en España, después de largo debate, habían declarado que los indios americanos tenían alma.

La existencia de Dios está, íntimamente unida a la existencia del ser humano. Dios vive en el pensamiento de las personas, éstas, al pensarle, le atribuyen innumerables virtudes. La mente humana creó a Dios y Dios vive en la mente humana. Voy a ejemplificar, lo expresado, de la siguiente manera: En el caso hipotético de que en el mundo hubieran solamente cien personas y las cien creen en Dios, entonces, Dios existe. Si por cualquier motivo, la mitad de esas personas dejan de creer en Dios, entonces, Dios sigue existiendo en las otras cincuenta personas. Finalmente, si por cualquier circunstancia, las restantes cincuenta personas dejan de creer en Dios, ¿Dios existe? Si ya no hay quien lo piense. Muchos dirán, claro, Dios vive en la naturaleza, en los animales, pero como saberlo sino ya no pensamos en él. Consiguientemente, Dios necesita más al ser humano que éste a Dios. Yo puedo vivir sin Dios, pero Dios no puede vivir sin mi. No estoy negando la existencia de Dios ni la existencia de las religiones, dejo que estas circunstancias se aparten de mi ser al no ser indispensables en mi existencia, como tampoco se puede comprobar o negar los milagros, nadie pudo comprobar un milagro y, tampoco negarlo en términos científicos.

La pertenencia a un grupo religioso condiciona, indefectiblemente, las acciones de la persona. Los dogmas, reglas y tradiciones guían la acción del creyente. La religión católica condena el uso de preservativos como forma de prevención de enfermedades de transmisión sexual, pero no dice nada respecto a la donación de sangre y órganos, lo cual está totalmente prohibido en la religión o secta de los Testigos de Jehova. Para los Testigos de Jehová está permitido, si bien no me equivoco, beber un trago de licor, pero para los llamados Cristianos eso es un pecado. Consiguientemente, la tolerancia es inversamente proporcional a los dogmas y creencias de las religiones.

From → Del diario vivir

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