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La mafia japonesa ayuda a las víctimas del terremoto

March 25, 2011

La Yakuza ha enviado decenas camiones cargados con productos de ayuda a los daminificados.

Decenas de productos de ayuda han sido enviados a las víctimas del catastrófico terremoto y tsunami posterior desde un rincón oscuro de la sociedad: las redes de crimen organizado de la “yakuza”.

Grupos de yakuza han enviado camiones desde las regiones de Tokio y Kobe con alimentos, agua, mantas y artículos sanitarios a los centros de evacuación del norte de Japón, la zona devastada por el terremoto del 11 de marzo, que ha causado al menos 27.000 muertos y desaparecidos.

La yakuza es más conocida por hacer dinero con la extorsión, el juego, la pornografía y la prostitución, además de por los elaborados tatuajes que a menudo cubren buena parte de sus cuerpos.

Pero los desastres traen el otro lado de la yakuza, que se mueve rápidamente para proporcionar ayuda a los más necesitados.

Como ocurrió en el devastador terremoto de Kobe en 1995, los trabajadores del Gobierno han sido lentos para llegar a las zonas afectadas, y a los aproximadamente 300.000 supervivientes, por lo que los grupos de yakuza se apresuraron a ser los primeros sobre el terreno.

Tales acciones proceden de la idea de que tienen que salir adelante en solitario, sin la ayuda del Gobierno o la comunidad por ser considerados marginados.

Muchos miembros de la organización se enfrentaron con la discriminación y proceden de poblaciones minoritarias como los originarios de Corea o los “burakumin” – que trabajan en empresas consideradas relacionadas con la muerte, como los carniceros y los curtidores.

“Los yakuza están marginados en la sociedad”, dijo Manabu Miyazaki, un autor prolífico que ha escrito más de 100 libros sobre la yakuza y las minorías. “Han sufrido, y están intentando ayudar a otras personas que están en dificultades”, dijo Miyazaki, hijo de un ex jefe de la yakuza en Kioto.

Otros ven motivos ulteriores para la caridad. “Si ayudan a los ciudadanos, es difícil que la policía diga algo malo”, dijo Tomohiko Suzuki, periodista que ha escrito varios libros sobre el hampa en Japón. “La yakuza están intentando conseguir contratos para sus compañías de construcción, para la masiva reconstrucción que vendrá”, agregó.

Un jefe de la yakuza rechazó tales críticas. “Lleva demasiado tiempo al brazo del Gobierno llegar aquí, así que es importante hacerlo ahora”, dijo la revista Weekly Taishuu, especializada en asuntos de este colectivo, citando a un destacado dirigente de la yakuza. “Nuestro sentimiento sincero ahora mismo es ser de ayuda al pueblo”, dijo el jefe, que no quiso ser identificado.

Código de dar

Los grupos yakuza han enviado al menos 70 camiones a la zona del sismo, cargados con suministros por valor de más de 500.000 dólares (unos 355.000 euros), según Jake Adelstein, experto en la yakuza que vive en Tokio y está escribiendo dos libros sobre grupos de este tipo en Japón.

La caridad de la banda está enraizada en su código “ninkyo”, dice Adelstein, que valora la justicia y el deber y prohíbe el sufrimiento ajeno. “En momentos como terremotos, respaldan las palabras con el dinero”, dijo.

Atsushi Mizoguchi, autor que ha escrito sobre el crimen organizado durante 40 años, también da a la yakuza el beneficio de la duda. “En lugar de un esfuerzo de relaciones públicas, creo que realmente son buenas intenciones”, dijo Mizoguchi, que ha irritado a la yakuza tanto que ha sido apuñalado en dos ocasiones en ataques de miembros de la banda.

Pero la yakuza evita salir a la luz pese a los esfuerzos de ayuda. Adelstein explica que hay un entendimiento informal entre la yakuza y la policía, que tolera las bandas que llevan a cabo la labor caritativa pero sin buscar publicidad por ello. “Lo que buscan más es la autosatisfacción”, dijo Miyazaki, hijo de un ex jefe de la yakuza. “No es por pagar, sino por orgullo”, apuntó. Hay unos 80.000 yakuza en Japón.

Los Sumiyoshi-kai y los Inakawa-kai, segunda y tercera agrupación del sindicato del crimen, parecen ser los más activos en las tareas de ayuda posteriores al terremoto y el tsunami.

En una llamada telefónica a la sede de los Inakawai-kai en Tokio, un hombre de la “división de asuntos generales” de la banda, dijo bruscamente a Reuters: “No hablamos”. Un fax enviado al segundo dirigente de Inakawa-kai no fue respondido.

Parte de la razón del rechazo yakuza a recibir atención procede de una aplicación de la ley reforzada tras una legislación contra la banda en 1992 y del aumento de las redadas contra ellos de la Agencia Nacional de Policía en el último año, que ha subrayado el sentimiento antiyakuza entre la ciudadanía.

Sin embargo, no ha habido información de donaciones rechazadas, quizás porque no hay pruebas de quién lo suministró. Y, como dice el autor Suzuki, no es el momento de ponerse exquisitos con el origen de los productos de emergencias. “Cuando se trata de vida o muerte, no importa de de dónde procede la comida”, dijo.

TOKIO (Reuters)

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